Face Value, el disco de Phil Collins inspirado en una profunda traición amorosa, cumple 40 años.

“¡Se lo merecía!”, se comentaba en redes sociales cuando a Phil Collins lo abandonó su tercera esposa Orianne Cevey vía mensaje de texto el año pasado (y poco después se casó con otro). Se hablaba de karma: al músico se lo acusaba de haber terminado la relación con su cónyuge anterior Jill Tavelman mandándole un fax (“De verdad dañó mi carrera, o mi personaje público, y está basado en algo que no es verdad. Espero que la gente me crea”, dijo en 2016 sobre ese tema). Sin embargo, pocos recordaron que aquel episodio ya había sido en su momento una vuelta de la taba de la suerte para Collins, a quien su primera mujer Andrea Bertorelli había dejado en 1980, tras iniciar un romance con su pintor y decorador.

La ruptura con Cevey lo encontró casi retirado y con problemas de salud: de ahí no salió ninguna obra artística relevante. El fin de su matrimonio con Tavelman sí lo inspiró: su álbum Both Sides (1993) nace de aquella separación. Pero si hubo en la vida de Phil Collins un desamor productivo, ese fue el de Bertorelli, que lo impulsó a componer las canciones del que para muchos es su mejor disco:Face Value, su debut de 1981, que hoy cumple 40 años.

Además del factor emocional, hay otro elemento clave en la “cocina” de Face Value: la tecnología. En la reciente soledad de su hogar de Surrey, Gran Bretaña, Collins aprovechó un parate de Genesis (sus compañeros Tony Banks y Mike Rutherford también trabajaban en sus respectivos álbumes solistas) para experimentar con un sintetizador Sequential Prophet-5 y una batería electrónica Roland CR-78. De ahí salieron demos que después -como suele suceder- sufrieron varios cambios hasta llegar a su versión definitiva, pero la máquina de ritmos terminó usándose en el disco y eso generó polémica en el mundo del rock, que todavía la veía como una manera de “hacer trampa” (y más todavía si el autor de las canciones era baterista). Con todo, buena parte de la magia de Face Value radica en la combinación del sonido sintético (que terminaría siendo sinónimo de los 80) con y el orgánico. En este punto son fundamentales los invitados.

“Estábamos los dos bastante rotos”, dijo Collins sobre su amigo Eric Clapton, que participa en “The Roof is Leaking” y la balada “If Leaving Me is Easy”. El guitarrista tampoco pasaba por un buen momento: su adicción al alcohol lo acorralaba, a punto tal que en 1982 tocó fondo y entró a rehabilitación. Sobre el cierre de la década se reencontrarían para otro gran hit de Collins: “I Wish It Would Rain Down”, de …But Seriously (1989).

Fuente: http://www.lanacion.com.ar

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