Del temor a la esperanza: el llamado histórico del rock.

Las actuales circunstancias y, en especial, el confinamiento no han sido un impedimento para que, como en los orígenes, la música en general y el rock en particular resuenen, se renueven y, paradójicamente, de manera viral alienten la voz esperanzadora que hay en cada ser humano durante estos días.

El papel de los jóvenes ha sido determinante para el desarrollo de los acontecimientos en Occidente, por lo menos en el último siglo. Las guerras, la inequidad y, a propósito de esta época, las pandemias y las enfermedades han sido cuestiones recurrentes a la hora de acudir a una voz que se ha transformado a velocidades vertiginosas para adaptarse a las profundas reflexiones propias de cada década, desde 1950 hasta nuestros días.

El 11 de septiembre de 2001: dos aeronaves de American Airlines y dos de United Airlines fueron secuestradas por terroristas de Al Qaeda, quienes minutos después las usaron como misiles contra el World Trade Center y el Pentágono, en Nueva York y Washington (Estados Unidos). Una de ellas nunca llegó a su destino y hoy su tripulación y sus pasajeros son considerados héroes.

Diciembre de 2019 – enero de 2020: la humanidad no atravesaba por un desasosiego tan generalizado desde hace casi veinte años. Sin embargo, cuando el COVID-19 fue incontenible, renacieron la incertidumbre y la intranquilidad. La música, el cine y parte de la literatura contemporánea se ambientaron en un contexto similar al que el mundo vive hoy, pero siempre fue un escenario propio de la ficción. De esta manera, cuando la creatividad ha llegado al límite de convertirse en realidad, los artistas han vuelto a revisar su inspiración y es así como el rock ha pasado de ser el género rebelde de los jóvenes a ser la voz de la conciencia que invita a la solidaridad, la empatía y la unión.

Además de los discos alusivos a esos momentos que han marcado a la humanidad en los últimos setenta años, desde el rock se han impulsado estrategias cuyo propósito es generar un impacto positivo directo en las sociedades más afectadas.

Los ejemplos han sido notorios. Uno, en especial, ha quedado en la memoria colectiva. Cuando el mundo giró la cabeza hacia países como Somalia y Etiopía, estos dejaron expuestas las más aciagas y desdichadas realidades humanas. En esa ocasión, bandas y artistas como Queen, Billy Joel y Ozzy Osbourne se reunieron en el estadio de Wembley, de Londres, y el estadio John F. Kennedy, de Filadelfia, para recaudar fondos por medio de sus presentaciones en el Live Aid 1985.

Enero de 2021: más de noventa millones de personas en todo el mundo han resultado contagiadas. Esta pandemia ha suscitado muchas reflexiones y una de las frases recurrentes es “el mundo ya no será como antes”. Seguramente así será, para bien o para mal. Uno de los cambios más notorios ha sido el de la virtualización de muchos oficios, incluida la música. Brian May, guitarrista de Queen, y el virtuoso baterista Ryan Van Poederooyen, entre muchos otros artistas, se han sumado a la iniciativa de compartir su conocimiento y talento de manera gratuita mediante conciertos, clases y tutoriales virtuales en los que enseñan a interpretar sus canciones. El rock, la música y el arte en general también atraviesan por un proceso de reinvención frente a sus seguidores.

Fuente: http://www.elinformador.com

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